La historia de Vegano Caníbal (I)

Muchos probablemente se preguntarán cómo empezó todo. Muchos ya se lo han preguntado a lo largo de estos años. La pregunta del millón. Objeto de sesudos estudios, de acaloradas discusiones de tertulianos arrogantes y de cuñados de dedo índice al cielo; causante de aburridas tesis doctorales y de peleas de borrachos en bares a punto de cerrar: ¿qué llevó a un niño llamado Benito, con un apellido tan ramplón como Pérez, nacido y criado en un barrio como Carabanchel, tan barrio como cualquier  otro barrio, a convertirse en un fenómeno musical viral a nivel planetario de la noche a la mañana,  y a ser a la vez el mayor asesino en serie de la historia del país en el último siglo?¿Y si yo  dijera simplemente que la culpa  de todo eso la tuvo un tomate? Algunos sonreirán ante tal afirmación, otros asquearán el gesto, otros pasarán de la sorpresa a la carcajada o de la estupefacción a la vergüenza esquiva en un instante. ¿Y si yo dijerra más aún? Que todo eso es indiferente, que todo ese ingente esfuerzo epistemológico carece de interés pues la pregunta está errada. Preguntarse el porqué de las millones de reproducciones, de la fascinación contagiosa , de la incredulidad asqueada, del miedo y la atracción queda convertido en algo totalmente secundario ante el vértigo que produce la verdadera cuestión: ¡¿cómo pudo convertirse un tierno chaval de barrio llamado Benito Pérez en el primer mutante con poderes parasíquicos documentado científicamente?! Lo que voy a contar lleva mucho tiempo esperando a ser contado. Y, aunque esto pueda parecer el parto de los montes,  debo insistir en que todo comenzó con un tomate.

(…)

 

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